Después de mucho pensar he llegado a la conclusión que era importante que hiciera un artículo sobre la violencia de género, en el que pueda analizar las razones por las cuales se genera este persistente problema y alarma social que crea la misma, convirtiendo el tema en casi un “tabú” social, tanto para la víctima como para el agresor, llegando incluso en muchos casos a permanecer invisible a nivel social.  Socialmente la violencia contra la mujer es un fenómeno estructural de una sociedad patriarcal, ancestral, rancia, donde las normas y los valores socioculturales se basan en las conductas de dominio y de abuso de los hombres sobre las mujeres. Este tipo de violencia se da de forma general en todos los ámbitos socioeconómicos, no como un hecho aislado, sino que constituye un aspecto estructural de la organización de nuestro sistema social.

Desde la Asamblea General de Naciones Unidas de 1993, definen la violencia contra las mujeres como

“Todo acto de violencia basado en la pertenencia al sexo femenino que tenga o pueda tener como resultado un daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico para la mujer, así como las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de la libertad, tanto si se producen en la vida pública como en la vida privada”.

Los principales factores que pueden determinar la violencia de género están basados en la desigualdad existente entre hombres y mujeres, haciendo uso de la violencia para resolver los problemas de la pareja, afianzando así el dominio del hombre sobre la propia mujer.  Es a través del proceso de socialización en el que los maltratadores han aprendido que la violencia es la mejor forma de conseguir el control en la relación.

Teoría del Ciclo de la Violencia

Una de las teorías que explican el proceso de la violencia de género es la Teoría del Ciclo de la Violencia de Leonor Walter, en la que se plantean tres fases diferentes.

  • Una primera fase de Acumulación de tensión, caracterizada por una escalada gradual de la tensión, donde la hostilidad del hombre va aumentando sin motivo comprensible, generando una intensificación de la violencia física.
  • Una segunda fase de Explosión o agresión, donde estalla la violencia y se producen las agresiones físicas, psicológicas e incluso sexuales.  Es precisamente en esta fase donde la mujer suele interponer la denuncia, o en su caso solicitar ayuda (teléfono de ayuda a las victimas de violencia de Género: 016).
  • Y por último una tercera fase de Calma o reconciliación o luna de miel, donde el agresor manifiesta su arrepentimiento y pide perdón a la mujer, haciendo uso de manipulaciones afectivas de tipo regalos, caricias, etc.  Esta fase tiende a desaparecer y los episodios violentos se aproximan en el tiempo.

Es necesario tener en cuenta que todas las fases no se dan siempre, sino que pueden aparecer de una forma cíclica y súbita.  El tiempo de duración de una fase no es regular y se suele dar en un plazo de tiempo corto.

Indicadores y lesiones

Son varios los indicadores que nos pueden hacer sospechar que la mujer está sufriendo violencia de género, como haber sufrido o presenciado malos tratos en la infancia, mostrar lesiones frecuentes, un abuso de alcohol o medicamentos.  Suelen existir problemas gineco-obstétricos como ausencia de control de la fecundidad (embarazos abundantes o no deseados), presencia de lesiones en genitales, abdomen o mamas.  Hay síntomas psicológicos frecuentes como insomnio, depresión, ansiedad, trastorno de estrés postraumático, intentos de suicido, baja autoestima, agotamiento psíquico, irritabilidad, trastornos de conducta alimentaría y labilidad emocional.  Otros síntomas físicos frecuentes son cefaleas, cervicalgia, dolor crónico en general, mareo o molestias gastrointestinales.

Este tipo de violencia frecuentemente se genera dentro del domicilio conyugal, lugar donde se supone que tienen que darse conductas favorables para la pareja.  Hay razones más que suficientes para valorar que es necesario el tratamiento psicológico de los hombres violentos contra la pareja y ya hay un análisis de las posibles vías de articulación entre las medidas judiciales y de tratamiento psicológico (Echeburúa, ver bibliografía).

Actuación ante el problema

Lo que interesa es el reconocimiento del problema y posteriormente organizar un buen plan de trabajo para erradicar y prevenir el problema, con programas dirigidos a la víctima sin olvidar al agresor, generando así la búsqueda de soluciones.  No se trata de realizar una estigmatización sobre los maltratadores, sino de ayudarles a superar sus dificultades.

Los maltratadores suelen presentar carencias psicológicas significativas, como distorsiones cognitivas, dificultades de comunicación, irritabilidad y una falta de control de los impulsos, así como dificultades específicas como abuso de alcohol y celos patológicos (Dutton y Golant, 1999).

Son varios los autores que ante este tipo de violencia coinciden en la existencia de una serie de actitudes y creencias misóginas que podrían ser el elemento común en los maltratadores (Fernández-Montalvo y Echeburúa 1997; Medina 1994).  El perfil del hombre agresor es siempre un hombre considerado tradicional, con roles sexuales muy estereotipados, de tipo dominancia del hombre y la inferioridad de la mujer.  Por lo tanto creen que dentro del domicilio conyugal tienen que seguir manteniendo ese tipo de rol, si es necesario a través de la violencia física.

El hecho de ponerse en marcha para dar tratamiento al agresor, no implica que se le considere como no responsable.  En la mayoría de los casos de maltrato los hombres son violentos y responsables de su conducta, presentando en algunos casos ciertas limitaciones psicológicas importantes y una falta considerable de control de sus impulsos, entre los que podemos incluir el consumo abusivo de alcohol, tóxicos, descontrol de los celos etc.  Se puede intervenir cuando el propio paciente solicita ayuda, siendo recomendable realizar  una modificación de su conducta violenta para controlarla y que no se repita en el futuro.  De este modo, se protege a la víctima y se mejora la autoestima del agresor  El tratamiento psicológico con el agresor no es algo que se presenta de forma alternativa a las medidas acordadas a nivel judicial, sino más bien como algo complementario (Echeburúa, Fernández-Montalvo 2001).  La asistencia a una terapia se da una vez reconocidos el problema por parte del agresor; que tome conciencia de que el problema no lo puede resolver solo y sin ayuda, y trasmitirle que existe la posibilidad del cambio y la mejora.

La primera vez que el sujeto acude a la primera sesión suele realizarlo obligado por la pareja o por mandato judicial.  El objetivo principal es el mantenimiento del tratamiento, ya que en las primeras consultas se da un alto porcentaje de abandono.  Por lo tanto la relación terapéutica debe basarse en la confianza, confidecialidad y ausencia de juicios morales sobre su conducta.  Es importante que se generen unas buenas expectativas de cambio realistas, en las que se eliminen los celos, la ira y como consecuencia se logre un buen control de sus impulsos.

Como propuesta final hay que tener en cuenta que el mejor antídoto ante este tipo de violencia es la prevención a través de multitud de actividades como campañas publicitarias, charlas, información, etc.  Se recomienda con carácter urgente la elaboración de más programas de rehabilitación y resocialización para los hombres agresores.  Son necesarios programas de la prevención y recuperación de menores que han vivido situaciones de violencia doméstica o de género.  Es preciso garantizar la recuperación total de la mujer.  Por último, a nivel educativo sería interesante que se programen actividades de tipo formativo, donde se expliquen que no se debe considerar la violencia una forma de resolver los conflictos.  Con todo ello se podrá conseguir que la mujer se siente segura y protegida en su hogar, con su familia, sin la necesidad de cuestionarse por qué una persona que la quiere, la agrede.

Guía de recursos a nivel nacional.

Teléfonos de información 24 horas del Instituto de la Mujer.

  • 900 191 010
  • 900 152 152 (para mujeres sordas)

Servicio de Atención de Urgencias y Emergencias 112.

Policía Nacional: 091

Guardia Civil: 062.

Delegación Especial del Gobierno contra la Violencia sobre la Violencia sobre la Mujer:

 http://www.mtas.es/igualdad/violencia.htm.

¿Por qué me pega si me quiere? Bibliografía

Papeles del psicólogo, ¿Se puede y debe tratar psicológicamente a los hombres violentos contra la pareja? Mayo, Nº 88, 2004.

Echeburúa. E y Fernández-Montalvo. J. (2009) Evaluación de un programa de tratamiento en prisión de hombres condenados por violencia grave contra la pareja. Internacional Journal of Clinical and Health Psychology. Volumen 9, nº 1 pp 5-20.

Sanidad (2007) Protocolo común para la actuación sanitaria ante la violencia de género. Ministerio de Sanidad y Consumo.

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