¿Qué es el Duelo?

El Duelo es el estado que aparece con la pérdida, por causa del fallecimiento, de alguien con quien uno ha tenido una estrecha relación. Este estado abarca una serie de respuestas de pena y de luto. Se puede diagnosticar cuando han transcurrido al menos 12 meses en adultos desde la muerte de alguien con quien el doliente tenía una relación cercana. Puede aparecer anhelo y añoranza persistente en relación al fallecido, que puede estar asociado con pena intensa y llanto frecuente. Incluso pueden aparecer quejas somáticas (por ejemplo, molestias digestivas, fatigas…)

La prevalencia es persistente, siendo aproximadamente un 2,4 – 4,8% , siendo más prevalente en mujeres que en varones.

Su desarrollo y curso puede aparecer a cualquier edad, a partir de un año. Los síntomas habitualmente comienzan en los primeros meses tras la muerte, aunque podría existir una demora de meses o incluso de años hasta que aparezca el síndrome complejo de duelo. No obstante, la respuesta de dolor frecuentemente aparece inmediatamente tras la pérdida, y esta no se diagnostica como trastorno de duelo salvo que los síntomas superen los 12 meses, o 6 meses en niños.

Los factores de riesgo y pronóstico pueden ser:

  • Ambientales: aumentando el riesgo en los caso de mayor dependencia de la persona fallecida previa a la muerte, sobre todo si el fallecido es un hijo.
  • Genéticos y ambientales: el riesgo de presentar el trastorno aumenta si el individuo en duelo es una mujer.

La sintomatología se observa en diferentes entornos culturales, pero las respuestas del dolor se pueden manifestar de formas que son culturalmente concretas.

– El sujeto ha experimentado la muerte de alguien con quien mantenía una relación cercana.

– Desde la muerte, al menos uno de los síntomas siguientes está presente y persistente al menos 12 meses en el caso de adultos en duelo y 6 meses para niños:

  • Anhelo/añoranza persistente del fallecido. En niños pequeños, la añoranza puede expresarse mediante el juego y el comportamiento, incluyendo los que reflejan la separación y también el reencuentro con un cuidador u otra figura de apego.
  • Pena y malestar emocional intensos en respuestas a la muerte.
  • Preocupación en relación al fallecido.
  • Preocupación acerca de las circunstancias de la muerte.

– Desde la muerte, al menos 6 de los síntomas siguientes:

  • Malestar reactivo a la muerte;
    • Importante dificultad para aceptar la muerte.
    • Experimentar incredulidad o anestesia emocional en relación a la perdida.
    • Dificultades para rememorar de manera positiva al fallecido.
    • Amargura o rabia en relación a la pérdida.
    • Valoraciones desadaptativas acerca de uno mismo en relación al fallecido o a su muerte, por ejemplo autoinculparse.
    • Evitación excesiva de los recuerdos de la pérdida.
  • Alteración social de la identidad;
    • Deseos de morir para poder estar con el fallecido.
    • Dificultades para confiar en otras personas desde el fallecimiento.
    • Sentimientos de soledad o desapego de otros individuos desde la muerte.
    • Sentir que la vida no tiene sentido o está vacía sin el fallecimiento.
    • Confusión al hacer a el papel de uno en la vida, o una disminución del sentimiento de identidad propia.
    • Dificultad o reticencia a mantener intereses, como amistades o actividades domésticas.

Las fases del duelo ayudan al doliente a entender su dolor y favorecer recursos de afrontamiento ante cada uno de estas, que son:

  • Fase de entumecimiento: aparecen reacciones de desconcierto, negación, ira y la no aceptación de la pérdida.
  • Fase de anhelo y búsqueda: el paciente presenta nostalgia intensa y busca a la persona fallecida. Es frecuente en esta fase la inquietud física y los pensamientos permanentes sobre el fallecido.
  • Fase de desorganización y desesperanza: exhibe sintomatología, semejante a la depresión: apatía, indiferencia,  insomnio, la pérdida de peso y la sensación de que la vida ha perdido sentido. Todo ello se acompaña de recuerdos constantes del fallecido.
  • Fase de reorganización: comienza a remitir la presencia de los aspectos más dolorosos del duelo. El doliente percibe que retoma su vida.

Estas fases no se pueden considerar fijas ni estáticas, pudiendo llegar a tener días que se encuentra igual de mal que inicialmente, pero eso va desapareciendo de una forma progresiva y constante.

BIBLIOGRAFIA

Tizón, J. L. (2013). Pérdida, pena, duelo. Herder Editorial. Barcelona.

Cibersam. (2015). DSM-5. Editorial medica panamericana. Madrid.

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