Una año más, el último fin de semana de marzo se ha cambiado la hora para establecer el nuevo horario de primavera y verano.  Las tiendas cambian sus escaparates para poner la ropa de la nueva temporada, los días pasan a tener más luz y comenzamos a respirar en el ambiente esa sensación de bienestar.  Pero todo esto lleva asociado pequeños cambios en nuestro organismo.

La madrugada del 29 al 30 de marzo se adelantaron las agujas del reloj de las dos a las tres, este gesto genera una pérdida de hora de sueño y un cambio en la luz solar que obliga a nuestro cerebro a realizar un reajuste.

¿Cómo nos afecta el cambio de hora?

Este cambio tan brusco induce a que se originen alteraciones de sueño, cansancio físico, irritabilidad, ansiedad y cierta tristeza parecida a un estado distímic, esto es, un trastorno afectivo de carácter depresivo crónico, que se caracteriza por la baja autoestima y aparición de un estado de ánimo melancólico triste, pero que no cumple con todos los patrones diagnósticos de la depresión.

Estos cambios que experimenta nuestro organismo se deben a que la melatonina, hormona producida por la glándula pineal o epífisis, hormona que se encuentra en animales superiores y en algunas algas, en concentraciones que varían de acuerdo al ciclo diurno/nocturno, actuando directamente sobre el sueño, determinando el ciclo sueño-vigilia.

Para minimizar los efectos de ese cambio horario se recomienda acostarse a la misma hora sin dejarse llevar por si hay o no luz solar y mantener los mismos hábitos diarios.

Si el grado de incidencia de estos efectos es leve remitirán en poco tiempo. Sin embargo, si se juntan varios síntomas y en grado alto, sería conveniente acudir al psicólogo para poder evitar un posible trastorno afectivo estacional.  En definitiva, los expertos aconsejan ocio, aire libre, luz y un poco de deporte.

Las personas más vulnerables a este cambio son los niños y los ancianos o las personas con algún problema psicológico, que perciben los efectos con mayor intensidad.  Este cambio primaveral afecta considerablemente a las personas que padecen de ansiedad, sin embargo el cambio horario otoñal afecta más a los pacientes que presentan sintomatología depresiva.

La reducción de horas de luz puede tener claros efectos negativos en las personas (Larrázabal).

La intensidad de la luz del día origina todo el cuadro sintomatológico, incidiendo directamente en nuestros ritmos circadianos.  Se trata de unos síntomas que, a diferencia de otros tipos de trastornos, tienen un claro componente estacional.

En conclusión, continuar con nuestro ritmos cotidianos, realizando pequeños cambios de hábitos, tener paciencia para que el organismo se adapte y podamos comenzar a disfrutar de la primavera y del buen tiempo, contribuirá a una bienestar emocional.

Os dejo un vídeo que os ayudará a entender mejor cómo afecta este cambio de hora a nuestro organismo.

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